Amanecer
Escucho los cantos de los mirlos cuando levemente empieza a clarearse el cielo.
Cesan los cantos, y entre el viento que hace crepitar las hojas, lo dulce y lo apacible, lo que no se impone, se percibe con claridad. Sentirlo tranquiliza mi corazón.
Pienso en aquellas personas que no habrán podido descansar. Personas con dolores y preocupaciones. Enfermas, debilitadas y que sienten miedo. Y sé, que algunas de ellas son conscientes de su cruz y que sienten en lo más profundo de sus almas que no la cargan solos.
Otras en cambio, sienten miedo, mucho miedo. Para ellas la soledad es una herida abierta y el peso de sus mentes lacera cada hora. La impotencia y la culpa son dos abismos profundos.
Si yo me aterro con solo pensarlo, si se me paralizan los miembros y me comienza a latir el corazón con fuerza y si el frío me enfría la piel... incluso cuando pienso en ti, Dios mío... danos fuerza.
Amanece, el sol se asoma desde el horizonte. Me centro en lo concreto, en lo más importante: en mis hermanos que sufren -ya dejaron de ser otros, personas- que no han podido conciliar el sueño para olvidar por unas horas su agonía, y oro por ellos.
Quisiera abrazarlos, no decirles nada, simplemente estar.
Día sábado, 28 de febrero, 2026
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